LITERATURA UNIVERSAL


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TEXTO 1         
¡Ah! ¡Qué sensación tan grata inunda todas mis venas, cuando por casualidad mis dedos tocan los suyos, o nuestros pies se tropiezan debajo de la mesa! Los aparto como un fuego, y una fuerza secreta me acerca de nuevo a pesar mío. El vértigo se apodera de todos mis sentidos, y su inocencia, su alma cándida, no le permiten ni siquiera imaginar cuánto me hacen sufrir estas insignificantes familiaridades. Si pone su mano sobre la mía cuando hablamos, y si en el calor de la conversación se aproxima tanto a mí que su divino aliento se confunde con el mío, creo morir, como herido por el rayo, Guillermo, y este cielo, esta confianza, si llego a atreverme… Tú me entiendes. No, mi corazón no está corrompido. Es débil, demasiado débil… Pero en esto ¿no hay corrupción?
Carlota es sagrada para mí. Todos los deseos se desvanecen en su presencia. Nunca sé lo que experimento cuando estoy a su lado: creo que mi alma se dilata por todos mis nervios.
Hay una sonata que ella ejecuta en el clave con la expresión de un ángel: ¡tiene tal sencillez y tal encanto! Es su música favorita y le basta tocar su primera nota para alejar de mí zozobras, cuidados y aflicciones.
No me parece inverosímil nada de lo que se cuenta sobre la antigua magia de la música. ¡Cómo me esclaviza este canto sencillo! ¡Y cómo sabe ella ejecutarlo en aquellos instantes en que yo sepultaría contento una bala en mi cabeza!... Entonces, disipándose la turbación y las tinieblas de mi alma, respiro con más libertad!



                                                                       TEXTO 2
Necesito escribirte, mi querida Carlota, aquí en un rincón de una posada de aldea, donde me refugié para escapar de una tempestad. Desde que estoy en este triste albergue de D., entre personas raras, ajenas por completo a mi corazón, ni un instante siquiera he sentido la necesidad imperiosa de escribirte. Pero en esta cabaña, en la soledad, en esta cárcel, mientras que la nieve y el granizo golpean mi ventana, ha sido tuyo mi primer pensamiento. Desde que llegué, ¡oh, Carlota!, tu imagen y recuerdo, recuerdo tan vivo y santo, se han apoderado de mí y creo, ¡Dios mío!, sentir todas la alegrías de nuestro primer encuentro. ¡Si pudieras verme, querida, en medio del torrente de distracciones que me asedia! Todas mis sensaciones se enervan y pierden sensibilidad. Ni un solo instante de gozo para mi corazón, ni el más insignificante descanso para mi alma. Nada, nada. (…)
El sol desciende con majestuosidad detrás de las colinas llenas de nieve; la tempestad ha terminado, y yo… debo regresar a mi jaula. ¡Adiós! ¿Está Alberto a tu lado? ¿Qué digo? Dios perdone mi pregunta.



1.- Compara las dos cartas. Explica cómo va evolucionando el temperamento de Werther.

2.- Aunque en ambas cartas es evidente el carácter subjetivo, indica en cuál de ellas es más obvio. Justifícalo a partir de razones lingüísticas.

3.- ¿Qué temas propios del Romanticismo se adelantan en estos fragmentos?

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